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¿EL DJ COMO SHOWMAN (O PARA NADA)?

Circula -de nuevo, estos días y por la red- una entrevista que le hizo hace unos años, concretamente en el 2016, el periodista Javier Blánquez al DJ Angel Molina -ambos más de 40 años y nacidos en Barcelona- en la que, sí, uno de los incontestables íconos del diyeismo techno nacional dejaba claro que para él cuando pincha lo más importante -o perdón, lo único relevante – es la música. Aprovechamos la vigencia de este viejo documento para preguntarnos si un DJ debe ser un showman o, como exige Molina, para nada.

Si por algo es conocido Angel Molina es por ser un DJ sabio, estricto y metódico; que apenas se mueve en cabina; manteniendo siempre una concentración máxima, maquinal y permanente, que le ayuda a centrar todo su esfuerzo en mezclar con maestría milimétrica los temas que ha seleccionado, desde su gran erudicción, de forma previa para, en cada noche y set, intentar que ésta sea la mejor de su vida y, por ende, de las nuestras.

Por ello desde hace años Molina es uno de los máximos ejemplos de profesionalidad y exigencia en el panorama del techno nacional. Por eso que cuando este gran artista catalán habla, todos callamos y escuchamos, aunque a veces no estemos del todo de acuerdo. En su encuentro informativo con Blánquez se reitera en reclamar para el diying la categoría de arte, desde la visión siempre underground del asunto. Cierto es que su trabajo insiste en crear algo nuevo tras la mezcla de herramientas ya conocidas y registradas en medios físicos -en este caso sonidos, hechos con medios electrónicos, que salen de vinilos al ponerles encima una aguja de diamante- y que, en este caso en particular, Molina es capaz de sustanciar realidades paralelas y diferentes partiendo de lo mundano, o, quizá, de lo fascinante.

Hasta aquí todo bien, por supuesto. La posible discrepancia viene cuando Molina afirma no ser un showman, de hecho exige no ser considerado así, porque “no me subo a una lancha amarilla y me lanzo al público”. Y es aquí cuando, en mi humilde opinión, creo que se equivoca. Se puede dar un auténtico espectáculo, desde una cabina, sin tener que hacer el payaso. Es posible conseguir que miles de personas disfruten bajo un escenario a través de una sesión de techno -por ejemplo- en la que no haya un ápice de comercialidad facil y absurda. No hace falta lanzar toneladas de confetti sobre el personal para hacerlo flipar y hasta volar. Y eso es precisamente lo que Angel Molina consigue desde hace años con su gran bagaje y excelente propuesta musical y técnica, eso mismo que le convierte, le guste o no, en un gran showman pero, siempre, desde el buen entendimiento del concepto.

¿Y tú qué opinas? ¿Abrimos debate?

Fernando Fuentes_CACTUS BLOG/ oct_2018

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